« No se trata de que vosotros paséis estrecheces
para que otros vivan holgadamente;
se trata de que haya igualdad para todos. »
2 Corintios § 8:13

 

«Corinto», denominación que sintetiza el espíritu de la Fundación

El nombre de la Fundación, nacido en el seno de la Comisión que gestionara los inicios de la entidad, se relaciona con la antigua ciudad griega de Corinto donde San Pablo se dirigió a las primitivas comunidades cristianas. Sopesada la significación que tal elección podía conllevar y tras la lectura atenta y meditada de las dos cartas paulinas, se acordó proponer formalmente tal denominación a las 20 hermandades, lo cual fue aprobado por unanimidad.

Por su carácter simbólico y definitorio de la filosofía que informa la institución de la Fundación, reproducimos algunos fragmentos el texto redactado por D. Pedro Merino Mata, para argumentar dicha elección:

La comunidad de Corinto, un espejo para la Fundación del Economato

La primera carta a los cristianos de Corinto la escribió San Pablo en la ciudad de Éfeso, en el año 56. Su autenticidad está atestiguada desde finales del siglo I y nunca ha sido puesta en duda entre los especialistas de cualquier tendencia.

Tiene un extraordinario valor histórico, pues nos describe la fisonomía de las primeras comunidades cristianas, sus dificultades, discordias, problemas ...

No hay un tema especial que centre la carta, se abordan asuntos diversos apenas relacionados entre sí. San Pablo desciende a detalles de la vida cotidiana de la comunidad y al tiempo sabe elevarse por encima de ellos para explicar los grandes principios cristianos...

En las primeras comunidades cristianas, en especial en la de Corinto, se «vivía el Espíritu» mediante cierta exaltación mística, similar a ciertos cultos orientales —acaso algo aproximado a la expresión cofrade—. Todo esto produjo relativo desorden y lo que es peor, una búsqueda de estados de «exaltación espiritual» a veces poco ortodoxa. San Pablo coloca cada cosa en su lugar y nos dice que:

  1. Lo importante es ser un miembro útil de la comunidad, sin creerse superior a los demás.
  2. La variedad de dones y carismas nos hace descubrir la gran riqueza del Espíritu Santo, que los reparte gratuitamente para el bien común.
  3. En la comunidad hay tareas de poco brillo y pesadas que son poco apreciadas y están a veces devaluadas, pues bien, esas tareas son fundamentales.

Esta carta, además, contiene el celebérrimo Himno al Amor que comienza diciendo:

«Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe»...

Y el cual concluye con una afirmación radical:

«En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor».

1. Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

2. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

3. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

4. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,

5. no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido,

6. no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

7. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

8. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá;

9. porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.

10. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

11. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño,

12. pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.

13. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

1 Corintios 13, 1-13

Para nosotros, voluntarios del Economato, la elección del topónimo de la comunidad de Corinto como nombre de la Fundación quiere encarnar y simbolizar la superación de la tentación de «individualismo corporativo» e incluso de emulación —cada hermandad o cofradía por su lado— para actuar juntos y comunitariamente, en comunión eclesial, compartiendo bienes, labores y tiempo en favor de una comunidad más amplia, aquella constituida por las personas necesitadas y en riesgo de exclusión social. Así, ni en la Fundación ni en su Economato hay tareas elevadas ni menores, sino acciones igualmente importantes por necesarias y complementarias.

Según la enseñanza aportada por San Pablo a la comunidad de Corinto, el espíritu que anima esta Fundación y su Economato ha de radicar de forma permanente en la Caridad libremente ejercida desde la capacidad, las posibilidades y los carismas de cada cofrade voluntario. Una Caridad cimentada en la Fe en Cristo, alimentada en la comunión eclesial que implica la Eucaristía instituida por el Señor y celebrada por nosotros, y proyectada en la Esperanza que de ella se deriva, según todo lo cual resulta tan imprescindible como irrenunciable construir el Reino de Dios aquí y ahora mediante el nítido anuncio del Evangelio y el testimonio concreto de la fraternidad que el mensaje de Cristo exige.

Y esta naturaleza fundacional y ese fin último de nuestra labor respecto de los beneficiarios nos lo sintetiza a la perfección el propio San Pablo en un fragmento de su segunda carta a los Corintios que a modo de compendio y recordatorio queremos colocar en la sala y según el cual:

«Al comprobar el verdadero carácter de la ayuda que ustedes les prestan, ellos glorificarán a Dios por la obediencia con que ustedes confiesan el Evangelio de Cristo y por la generosidad con la que están unidos a ellos y a todos» (2 Cor. 9, 13).

Esa, pues, es nuestra causa y ese nuestro objetivo: contribuir a dignificar las condiciones de vida de los más desfavorecidos desde la vivencia del Evangelio de Cristo, ejerciendo comunitariamente la vocación de cofrade a la que el Señor nos ha llamado, y siendo fieles a su estricto significado originario pues cofrade, «cum frater», significa exactamente «con el hermano». Ojalá que así sea siempre con la ayuda de Cristo Resucitado y el patronazgo de Santa María de la Victoria.